martedì, ottobre 21, 2014

lunedì, ottobre 13, 2014

Diarios

A veces sólo se trata de escribir y expandir el espíritu sobre el espejo acuático de un tiempo que no nos pertenece. Difícilmente se conoce la llama verdadera que incendia las impresiones humanas, sobre todo cuando se anidan en los ojos de los otros y sus gestos nos hieren en el colmo de la incertidumbre. ¿Acaso la indiferencia sea un antídoto mal interpretado, capaz de sostener la ilusión protectora de que nada allá afuera nos importa?

La biología también me engaña. Anhelando con ahínco el retorno de otros tiempos, me sorprendo sujetado por la fuerza de mi naturaleza, que con ocasión del ciclo lunar me hace vulnerable a la enfermedad de la nostalgia. Sin claridad sobre el origen y la intención de las voces que de corriente me habitan, no me decido por la veracidad de ninguna. Me quedo inmóvil.

La teoría no sé queda atrás en el oficio de jugarme malas pasadas. El castillo de naipes de los conceptos se me antoja una suerte de panóptico desde donde observo todos los cursos de acción posibles, como en una película. Sé lo que pasará con ese hombre, con ese amigo, con ese trabajo. Sé qué dirá y qué hará cuando saque el sable de su vaina. Sé que me clavaré su hoja en un movimiento absurdo. Sé que me tomará tiempo darme cuenta y cubrir la herida. Lo sé, lo sé todo.

Esta mañana ha empezado el momento del despertar, lento, doloroso, con baja visibilidad. Habrá un tiempo para reconocer la trampa y hacer transparente el espejismo del deseo del otro. Podría ser yo o cualquier otra cosa. Del resto de sensatez que aún me habita surge una mano misericordiosa que escenifica para mí el acto de recorte, ese al que he consentido para sostener la ilusión, para creer en el regreso del hombre. El corte de una silueta perfecta deja caer los ornamentos de una subjetividad no pocas veces problemática. Cuando reconozco en aquel desecho lo más esencial de ese nombre que soy yo entiendo que aunque quiera no puedo seguir adelante.

Uno siente con claridad que el calibre de sus pasiones no está al nivel de la poesía, que es más bien mediocre. La fuerza incandescente que fluye ora furiosa ora angustiada en los versos de Alejandra, en el lienzo de Frida o en la prosa perfecta de Virginia no tiene ninguna relación de parentesco con este mal menor que es mi corazón roto. Empero, la escritura del dolor mundano se hace un deber necesario, un contrato invisible con la vida que todavía cosquillea y me regala el sentimiento cálido al que llamo felicidad. El dolor de las fibras musculares se hace soportable, la cefalea relaja su pelaje y se acurruca a mis pies, dándome algo de tregua. Los ojos se acomodan en sus cuencas, me conceden el don de la mirada. Luego de la tormenta y el mar de leva algo queda en pie. Me ilusiona encontrar en los escombros del océano algo mágico, eterno.

Al caer la noche los sentimientos son contradictorios. Al amparo de la lluvia, aislada de ese espacio tomado por el silencio y el despojo que es la noche bogotana, me duelo por la soledad y me aferro al entusiasmo de seguir hacia adelante. Cansada de pedir lo que nunca llega, rindo mis armas  y mi grito de batalla.

giovedì, ottobre 09, 2014

Historias ocultas

Desde las cloacas de la historia antigua
entrañas de hierro forjado y piedra
llaman las penas nuestra patria.
Cebada en la inmundicia, una fiera gime
proyectando la luna en sus colmillos,
gozando de la traición, de la carroña.
El espíritu de los sueños sin conciliar
espanta a los nuevos habitantes de la cárcel
que viven como si nada hubiera pasado.
En el centro de narraciones a pedazos
Clío espera en el veredicto de estas generaciones
algo de justicia.