martedì, aprile 15, 2014

El agujero

En el instante mismo de la partida
una tenue contracción pupilar anunció la catástrofe;
el ojo de agua verde, dormido en el centro del epigastrio
se levanta en toda su desesperación
contagiando cada gen, cada célula
con su espíritu de tsunami.
Mientras escucho tus palabras
tras el vidrio de seguridad de mi negación
el agujero se hace más grande. más grande, más grande.
A la tarde se habrá tragado todo.

El paso de la vida

La más reciente vuelta en la calesita de la vida
me ha despertado de golpe.
Con ternura palpo la textura de lo que fuí,
de lo que creí,
de las palabras obscenas, la degradación
-la pena-
el denso tejido de la autopunición
auspiciado por las voces de los más queridos.
Quisiera hablarle a esa niña del pasado,
espantar sus monstruos, dormirla en mi regazo,
cortar las costuras de sus ojos
mostrarle la luz que destellan sus iris claros.


El espíritu de los dioses

Estoy en el centro de la tierra
invocando los espíritus, invocando tu nombre
abriendo mis células, mis genes, mi piel
esperando la palabra resplandeciente
el llamado de mis ancestros,
la hendidura en la carne.

Estoy en el centro de la tierra
llorando tus silencios,
exponiendo mis ojos, mi corazón, mi cerebro
despojándome de aquellos miedos, de los egos
de la realidad absurda, de mi queja,
mi menosprecio.

Estoy en el centro de la tierra.
Sin ángeles, ni demonios,
sin luchas épicas que librar
embebida en el sabor amargo de la pócima
dispuesta a entrar en la caverna.
El espíritu de los dioses avanza
en el despojo del último trazo de humanidad.